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Mezquiriz o Mezkiritz, se encuentra en la Provincia de Navarra, a 36,5 Km. de Pamplona-Iruña y a 500 m. de la carretera NA-135 Pamplona-Francia por Valcarlos. En el Km. 39 de esta carretera se encuentra el puerto de Mezkiritz de 922m de altura y por el que discurre el Camino Francés a Santiago de Compostela, pertenece al Municipio del Valle de Erro y cuenta hoy con 80 habitantes, lugar de turismo rural.

Es conocido por el Bost Kirol (Cinco Deportes), un pentathlon de deportes de frontón que se celebra anualmente todos los veranos. Además de la pelota mano y tres modalidades con pala, la prueba restante es el "sare" (red), en la que la pelota se lanza contra el frontón usando una pequeña raqueta que enmarca una red de cuerda destensada.

Se encuentra la Iglesia parroquial de San Cristóbal, de origen medieval, ampliada a fines del s. XVI. Retablo mayor neoclásico de mediados del siglo XIX.obra de Fermín Barberana con elementos de un retablo anterior (s.XVII?). También la Ermita de San Miguel (1887) con una talla barroca de San Miguel.

Son características de este lugar las casas de grandes dimensiones en las que se suceden tres alturas además del tejado a dos aguas de pronunciada pendiente. La fachada se delimita normalmente entre dos contrafuertes, con balcones corridos en las zonas superiores. Algunas de estas casas presentan también escudos.
Fuente: www.es.wikipedia.org

Quienes realizan el el Camino de Santiago en Navarra, por el Camino llamado Francés que va de Roncesvalles a Pamplona, los peregrinos pasan por el Alto de Mezkiritz donde se encuentra una lápida con la imagen de la Virgen de Roncesvalles en la que se puede leer: “Aquí se reza una salve a Ntra. Sra. de Roncesvalles”.



Estos textos fueron enviados por Orreaga Ibarra, nacida en Mezquiriz, quien gentilmente me autorizó a publicarlos.

En la mayor parte de los pueblos de la montaña navarra, la casa, asociada a las tareas del campo, era y es el eje fundamental de la vida cotidiana rural. En torno a ella se desarrollan fiestas y trabajos, y constituye un pequeño universo lleno de rincones y de vida.

En Mezquiriz o Mezkiritz, las casas conservan sus rotundos y bellos nombres vascos que evocan oficios desempeñados, lugares de procedencia, nombre o apodos de sus dueños, o características propias de las edificaciones. Así Gartxotena, Antorena, Adame, Zuria, Apesui, Etxeberri, Kondia, Marterena, Llallania, Monddolos y Xixilenia, conforman el núcleo original de la población.

Mezkiritz aparece en la historia como tal hace unos ochocientos años; en su exigua llanura se documenta en ésta época el monasterio de Landazabal, perteneciente a Roncesvalles, hoy ya desaparecido, fundado por aquellos tiempos al abrigo del Camino de Santiago.

Su ubicación en una hondonada nos ha obligado a todos a subir escarpadas cuestas nada más salir de casa, bien para traer vacas, llevar ovejas o simplemente para hacer una excursión. Subir a Ligezta y beber de su fresca fuente o ir a la cueva de Lazestai con la merienda, eran los paseos más largos de cualquier mezkiriztar, junto a los baños de Uberkas, uno de los alicientes de las calurosas tardes de verano.

El atrio de la iglesia era el único sitio cubierto, recreo de escuela y escenario de juegos infantiles, lugar a donde los padres mandaban a sus hijos, cansados del bullicio de una casa con muchos niños. Antiguo lugar de enterramiento, sobre sus losas jugaban al txingili, haciendo caso omiso del cartel que rezaba "Este lugar es sagrado, se prohibe todo juego". Demasiada prohibición para el caso que se le hacía, ya que del otro lado, la pared de la iglesia hacía las funciones de frontón. Los mezkiriztarras siempre han sido hábiles pelotaris y hoy disfrutan de un magnífico frontón.

En esa misma plazuela, junto a la iglesia, hace 70 años los niños jugaban y contaban los tantos en euskera, hecho que causaba cierta extrañeza a mi aitatxi recién llegado de Arce, donde desgraciadamente esta lengua había entrado ya en declive.

El beirkole, especie de corral situado entre casas, que como bien dice su nombre, era el lugar donde guardaban los animales denunciados, junto con las bordas, eran también escenario de juegos infantiles. Por no hablar del atractivo que tenían los frutales del vecino, que siempre daban fruta mejor que la de casa. Coger peras y manzanas burlando la vigilancia del dueño tenía un gran aliciente, no exento de algún cólico que otro.

Las cuadras también eran sitio apto para el juego; una zanbaluzka o columpio colgado de una viga nos hacía balancear por los aires mientras el aita y el ama ordeñaban las vacas. Hoy las cuadras están vacías, las explotaciones ganaderas se han desplazado a las afueras del pueblo. Atrás quedan los tiempos en que por la tarde, a toque de corneta, salían de casa las vacas para dirigirse al comunal, bajo la vigilancia de un vaquero designado por turno.

Al estar rodeado de frondosos bosques en los que abundan simas y cuevas, muchas de las historias de infancia están inspiradas en estos parajes y se pueblan de lamias, lobos y culebras de tamaño y habilidades sobrenaturales.

Un ir y venir de carros cargados constituía el paisaje habitual, y la raspa y el sarde utensilios que difícilmente conocían la polilla. En otoño, la recogida de la patata también requería de peones que doblaran ágiles la cintura.

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Genealogía Familia Mezquiriz - Ayacucho - Provincia de Buenos Aires - Argentina - Set. 2008